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Monday, 12 April 2010 23:30

Reportaje de Interes Humano - Vanessa Grisalez

Written by fiu
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“Cambiando la percepción del Islam con sonrisas y experiencias” 

Aysha Abdullah, una afroamericana de Nueva York, creció durante la lucha por los derechos civiles.  A sus 20 años, no solo afrontaba la tensión racial, también dejaba sus creencias cristianas para convertirse al Islam.  Malcom X inspiró su conversión en 1974.  Recuerda con cierta nostalgia que “era un tiempo de mucho respeto hacia el Islam, con mucha actividad musulmana;  conferencias, visitas de sabios, y presidentes musulmanes en Naciones Unidas”.   Ella echa de menos este tipo de estimulación intelectual en el sur de la Florida, donde reside, y piensa que el respeto al Islam no es el mismo.  “El Islam es la nueva religión en ser despreciada, especialmente después de los ataques del 11 de septiembre”, añade.  Reconoce que otros grupos étnicos pasaron por esto en los Estados Unidos;  aun así,  le gustaría que las generalizaciones negativas acerca de su religión desaparecieran.  Piensa que sólo es posible “por medio de la educación”.  Pero en medio de la hostilidad, Abdullah ve oportunidades.  Ella desea educar a aquellos que no conocen del Islam, también ayudar a otros musulmanes a mantener el orgullo por su religión.   “Si Allah te da al conocimiento, regáleselo a otros que lo necesiten” afirma.  Abdullah enseña en el sistema escolar público desde 1994, una de sus metas es tratar de promover la educación multicultural. 

Cada  sábado también da clases en el Centro Islámico del sur de la Florida a chicas musulmanas.  Abdullah tiene una misión clara, guiarlas por medio de sus vivencias desde la perspectiva musulmana.  Afirma que el proceso de adaptación para las chicas en las escuelas públicas es más difícil que para los chicos por el Hijab, o velo musulmán. Unas son obligadas  a  ponérselo, y dependiendo de cuan estrictos sean sus padres, muchas de ellas no podrán participar  en actividades deportivas,  su religión no les permite usar uniformes que expongan sus piernas o brazos. En un entorno de diferentes modas y estilos, para muchas chicas musulmanas,  también es difícil resistir usar ropa más apretada, las marcas del momento, o accesorios que van en contra de la modestia de la mujer en el Islam.  En su clase ninguna de sus alumnas musulmanas lleva  puesto el Hijab, para cambiar esta percepción Abdullah les enfatiza los beneficios de usarlo y sus vivencias. Por un lado demuestra la obediencia a la religión, y por otro resalta el valor de que sean juzgadas por lo que son y no por la ropa que usan.  Las respuestas de sus alumnas son variadas: “por qué me tengo que tapar mi pelo, si me gusta  y además me encanta peinar”.  Otras  protestan y comparan: “Una chica en mi escuela  usa Hijab pero no practica tantas oraciones como yo”, “No me siento como menos musulmana por no usarlo”.  Finalmente una de las chicas mayores cierra el debate con algo que Abdullah no puede discutir: “El Hijab tiene que venir a ti, no está bien usarlo si es algo forzado.”

Abdullah sabe por su propia experiencia que esto es cierto. Ella reconoce que tardó mucho tiempo en ponérselo, y comparte con las chicas su historia.Ella decidió ponerse el Hijab en el 2000, después de vivir la mayor parte de su vida acorde con las expectativas sociales estadounidenses.  Ahora asume orgullosamente el Hijab como su identidad.  Describe que sintió una sensación de confianza en Allah, estaba lista para vestirse para su Dios y su religión.   Le tomó 28 años  ponerse el velo y atribuye  la demora a su deseo de escalar en el mundo corporativo. En ese entonces se debatía entre lo que el Islam dictaba y lo que su entorno laboral le pedía.  Acababa de terminar sus estudios universitarios, y quería ser la “estrella corporativa”.  Su guía espiritual, le ayudó diciéndole,  “El Islam está en tu corazón.  Si sientes que tienes que vestirte así para tu trabajo, hazlo, ya que si el Islam está verdaderamente en ti, nadie podrá quitártelo”.  Para ella muchas musulmanas no usan el Hijab por presión social, tal como lo experimentó ella.  Su enfoque, al contar su experiencia a sus alumnas, es el de inculcarles orgullo y entendimiento de la religión, no el de obligarlas a seguir el Corán y sus mandatos sólo porque son musulmanas.  Abdullah mira los mandatos del Islam como enseñanzas que elevan moralmente, y quiere que sus alumnas los asimilen como tal.

 Como profesora del sistema público desde 1994, Abdullah cree que se necesitan cambios para que jóvenes musulmanes estudien en un ambiente de más inclusión.  Abdullah sueña con un futuro de más aceptación, no sólo para los musulmanes, sino para todos. “Necesitamos una educación multicultural, estamos todavía a un nivel muy primitivo en una sociedad que es demasiado diversa”.  Según Abdullah, del quinto grado en adelante, las diferencias entre las culturas son más palpables.  Los chicos ya tienen cierto grado de madurez, entienden cuando son denigrados y empiezan a interiorizar las  burlas.  Las chicas lo viven más por su atuendo, lo chicos, particularmente, si tienen nombres que parezcan árabes.  “Yo me puedo identificar por ser afro-americana con lo que le pasa a los chicos árabes. Tienen muy baja autoestima. Estos chicos son primeras y segundas generaciones de inmigrantes.  Sus padres no vinieron del sistema americano y no saben a lo que se enfrentan.  Los jóvenes son listos,  reaccionan, y es por eso que se sienten menos.   Si se llaman  Mohammed o Osama, quieren cambiar su nombre a Michael”.   Abdullah Piensa que se debe promover la educación multicultural no solo en las escuelas públicas, sino también en las islámicas.   Ella describe su visión como un descubrimiento de  principios íntegros entre los directores, administradores, profesores, y  estudiantes.   “Un musulmán o un negro no deben de sentirse aislados de las cultura dominante, ni la cultura dominante debe de sentirse aislados de ellos” añade.   Para esto tiene que promoverse la integración, y opina que los padres musulmanes deben participar.  Abdullah, con satisfacción cuenta la anécdota de una madre pakistaní, que en vez de aislarse, pidió al director de la escuela de su hija que adaptara un espacio para que los estudiantes musulmanes pudieran rezar.  Éste accedió al pedido.  Abdullah piensa que esta actitud abierta ayuda a que más personas conozcan acerca de la religión y no la vean como una amenaza.Abdullah reconoce que estos son tiempos duros para los musulmanes viviendo en los Estados Unidos, pero cree que con empeño y una actitud abierta puede desarrollarse más entendimiento. 

Para esto comparte una experiencia final, que ella graciosamente llama “drama en un estado del Sur”.  Cuando la asignaron  enseñar ciencias y matemáticas en el estado sureño de Georgia, caracterizado por una historia de tensiones raciales y de grupos como el Ku Klux Klan, Abdullah temía como la recibirían.  Ahora no se preocupaba de prejuicios por ser afroamericana, sino por ser musulmana. Abdullah ya usaba el Hijab.  Al principio no le hablaban en los pasillos.  Le preguntaban si era árabe, que era? Ella respondió simplemente lo que es: una afroamericana convertida al Islam, que es de este país, que entendía quienes eran sus estudiantes, cómo hablaban, pensaban, y comían, porque han sido parte de su entorno, porque ellos como ella son de este país.

Poco a poco sus estudiantes empezaron a ver su personalidad antes que su Hijab.  Cuando

Abdullah habla de integración se refiere a esto.  Un día en que otros americanos acepten

a musulmanes por lo que son.

REFLEXION PERSONAL:

Durante este semestre aprendí mucho sobre el Islam, aunque reconozco que falta mucho por conocer.  Me impacto mucho la diversidad de su gente.  Dos centros Islámicos en el Sur de la Florida me abrieron las puertas, y en ellos conocí, no solo a conversos estadounidenses, también a personas provenientes de Rusia, India, Pakistán, Palestina, Trinidad, podría seguir.  Ver la extensión global de la religión hace aun más evidente la necesidad de entender a los musulmanes no solo desde su identidad religiosa, también desde su identidad cultural.  Esta diferenciación se le debo a un musulmán de Bosnia, que me ayudo en este punto.  Mi mayor percepción  es que tienen metas con las que muchos nos podemos identificar: prosperidad, deseo a forjar una familia acorde a sus costumbres y creencias, ver a sus hijos triunfar, en este, su país también.  Percibí un gran deseo de que sean vistos por lo que son, de normalizar el ser musulmán sin dejar de serlo

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Last modified on Sunday, 29 August 2010 16:35
fiu

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